En la conferencia “IA sí, IA no, IA con control”, Eva Hernández invitó a los asistentes a cambiar la pregunta clásica “¿usamos IA o no?” por otra mucho más estratégica: ¿dónde tiene sentido subir la IA al corazón de la empresa y cómo mantenerla bajo control? En lugar de hablar de herramientas de moda, la sesión se centró en decisiones de negocio concretas, basadas en datos, riesgos y oportunidades reales.
A lo largo de la ponencia, Eva estructuró la reflexión en 5 grandes razones para no implantar IA “a ciegas”: el coste oculto de cada prompt, las alucinaciones convincentes de los modelos, los agentes que pueden actuar solos sobre sistemas críticos, la dependencia de proveedores tecnológicos y el nuevo marco regulatorio que llega con el AI Act europeo. Cada bloque combinó ejemplos reales, cifras recientes y un lenguaje muy aterrizado al día a día de cualquier organización.
Lejos del miedo o del hype, Eva defendió una idea clave: la IA no es una varita mágica, sino una infraestructura que consume energía, datos y tiempo de equipo, y que exige gobernanza. Por eso, propuso pasar de “jugar” con la IA a diseñar un uso profesional: prompts eficientes, reglas claras para revisar la información generada, límites a lo que un agente puede hacer y una supervisión humana que siga firmando las decisiones importantes.
La conferencia terminó con un checklist práctico para directivos y equipos: identificar los procesos donde la IA ya se usa de manera informal, decidir en cuáles aporta valor medible, definir cómo se controlan las alucinaciones y qué hacer si el sistema falla. El mensaje final fue claro: la ventaja competitiva no estará en quien tenga “más IA”, sino en quien sepa usarla con criterio, responsabilidad y control

